Sobre periodistas y heroísmo

Estaba pensando mucho en el tema del heroísmo y su vinculación con el periodismo. Esto, a razón de las grandes distorsiones que, sobre el tema, he leído y escuchado de parte de periodistas que trabajan, oh casualidad, en la llamada ciudad heróica del Perú. Yo creo que en una situación como la que allí se vivió hace algunos días, es irresponsable portarse como se portaron quienes trabajan en las radios, por ejemplo. Entonces pensé si en medio de la protesta popular, la indignación de un pueblo, las frases célebres y épicas, el periodista no es una suerte de esponja nuevecita, que absorve lo que ve en su entorno y se empapa de lo mismo que sienten aquellos que están en las calles. Y sí. Puede pasar si no se tienen las cosas claras. Entonces agarran un micrófono y se sienten héroes del pueblo, arengando a la violencia (cosa que, no me jodan, lo han hecho y sin que nadie les diga nada), ensalzando los excesos e instando al golpe artero y piquetero a todo aquel colega que se atrevía a portar una credencial de medio limeño. Y entonces me puse a buscar ejemplos de heroísmo dentro del periodismo internacional que nos ayuden a ver la vida de otra manera. Encontré dos que me gustaron mucho, porque llegan al extremo de “dar la vida”, ambos eran católicos y sobre ambos hay un proceso de canonización (que, ojo, nada tiene que ver con el canon que reclaman los tacneños. Faltaba más).

ODOARDO FOCHERINI

Odoardo Focherini
Odoardo Focherini
Nació en Carpi el 6 de julio de 1907. Ferviente católico desde muy joven, se formó en la Acción Católica italiana bajo la guía de Don Armando Benatti.
En 1937 pasó a ser director administrativo del diario Avvenire, que entonces dirigía Raimondo Manzini, autor de encendidas polémicas contra el fascismo. Desafiando a las leyes raciales, Focherine contrató para Avvenire al periodista judío Giacomo Lampronti. En 1942, se encargó de proteger de la persecución a refugiados en un tren de Cruz Roja Internacional. En octubre de 1943 organizó, junto al padre Dante Sala, una red eficaz para la expatriación hacia Suiza de más de un centenar de judíos. Odoardo se encargó de contactar con las familias, consiguió los documentos desde las sinagogas, se las arregló para obtener la finaciación necesaria y acabó proporcionado también la documentación falsa. El 11 de marzo de 1944, fue detenido por los nazis en un hospital mientras atendía a un judío enfermo. Fue trasladado al campo de Hersbruck donde se trabajaba desde las tres y media de la mañana hasta la tarde. Quien no resistía este ritmo, era inmediatamente enviado a los hornos crematorios. Durante una visita, su cuñado Bruno Marchesi le dijo: “Ten cuidado. Tal vez te expones demasiado. ¿No piensas en tus hijos?”. Odoardo le respondió: “Si hubieras visto, como he visto yo en esta cárcel, lo que hacen padecer a los judíos, no lamentarías más que no haber hecho lo bastante por ellos, no haber salvado un número mayor”. Herido en una pierna y jamás atendido, Focherini murió de septicemia el 27 de diciembre de ese mismo año, a los 37 años. En su memoria, la Unión de las Comunidades judías de Italia le otorgó una medalla de oro en 1955. Igualmente, el “Instituto conmemorativo de los mártires y de los héroes Yad Vashem” de Jerusalén le proclamó “Justo entre las Naciones”.
NIKOLAUS GROSS

Nikolaus Gross

Nikolaus Gross

Nació en Niederwenigern, cerca de Essen, el 30 de septiembre de 1898. Fue a una escuela católica local desde los siete hasta los doce años, edad en la que empezó a trabajar, primero como operario en un molino y luego en la minería.
Sin embargo, no abandonó la actividad intelectual pues alternó su trabajo bajo tierra con la condición de periodista. Con tan solo 19 años ingresó al sindicato cristiano, paso previo a su afiliación al Centrum, partido de clara inspiración cristiana, convirtiéndose a los 22 en secretario de los jóvenes mineros. Su interés por el periodismo le lleva a colaborar en el diario del Movimiento Católico de los Trabajadores (KAB), el Westdeutschen Arbeiterzeitung. Tanto era su talento que a los dos años se convirtió en el director del diario. Afincado en Colonia, Gross supo ver el peligro que para Alemania significaba que el nazismo tomara el poder. Respaldado en su fe, no tuvo duda alguna en informar a sus lectores sobre las verdaderas consecuencias que un régimen de este tipo traería sobre el país. El 14 de septimbre de 1930 escribió: “nosotros trabajadores católicos rechazamos con fuerza y con claridad el nacionalsocialismo, no sólo por motivos políticos o económicos, sino decididamente también por nuestra postura religiosa y cultural”. Con la llegada de Hitler al poder, empezaron las dificultades. El diario de Gross fue declarado “enemigo del Estado”, paso previo a su cierre en 1938, aunque siguió editándose clandestinamente. No habiéndose caracterizado hasta entonces como orador, la censura le llevó a anunciar de viva voz, a todo el que le quisiera oir, los peligros del régimen opresor que se había adueñado de su patria. Cuando muchos callaban, él se jugaba la vida. Fue encarcelado y ejecutado en la horca el 23 de enero de 1945. Su esposa Elisabeth, que pudo visitarle al menos dos veces, dio testimonio de que había sido torturado antes de morir. Sus asesinos no permitieron que recibiera un entierro cristiano y su cuerpo fue quemado y sus cenizas esparcidas por el campo.
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