Ayer entendí…

pensarAyer entendí que los sueños no tienen cabida en el mundo del “dime qué me da tu producto”.

Yo cometo el ¿error? de soñar con mi trabajo. Creo que lo que hago no es sólo un producto de papel que va a llegar a la gente.

Creo también que el marketing y la gestión son solo herramientas que nunca pueden ser el fondo y que tampoco deben determinar la esencia de las cosas, de las misiones, de las luchas, de los sueños; aunque me parece válido y necesario que se apliquen.

Creo en la buena fe de la gente, en su calidez y entrega por la misión que se le encomienda, creo que en ese escenario hay personas que no hacen las cosas de mala fe y a ellas hay que agradecerles siempre sus comentarios y pedirles perdón por algún exceso que se pueda cometer a causa de esta berrinchuda susceptibilidad de la que somos presa los arequipeños (y más aún, los arequipeños emotivos, como yo).

Pero también siento que el saco y la corbata pueden desubicar a algunas personas. Que el cargo, el título, el aparecer al lado del jefe, el estúpido argumento del respaldo, hace que se desubiquen en la vida. Estoy seguro que la vida no es una suma de estrategias de imagen y que Dios sabe suplir las carencias personales. Dios y no el marketing.  Y pienso que a estas personas también hay que agradecerle sus comentarios y pedirles perdón si tuviste algún exceso.

Ayer entendí, que lo mejor en la vida laboral es tener siempre una visión objetiva de las cosas sobre las que te piden opinión.

Ayer entendí, que uno debe tener claro a quién le da  explicaciones de qué.

Ayer entendí, que toda buena opinión es balanceada entre lo bueno y lo malo.

Ayer entendí, que los proyectos crecen no solo corrigiendo errores sino, sobretodo, explotando sus virtudes.

Ayer entendí, que la bondad de la gente no se oscurece con sus formas.

Ayer entendi, que no entiendo a cierta gente.

Ayer entendí, que mis anhelos no los debo poner en juego en una mesa de directorio.

Ayer entendí, que a veces “la esperanza duele” y que otras tantas veces “sin sonrisa es la esperanza”

Ayer entendí, que no estoy solo.

Ayer entendí, que a diferencia del Chavo del 8, a mi si me tienen paciencia y que tengo un amigo que se ríe de mis susceptibilidades y que es capaz de corregirme, con una sonrisa siempre amplia, los errores de apasionamiento que yo pueda cometer.

Ayer entendí, que hay que entender, perdonar y pedir perdón.

Ayer etendí, que el “mundo real” no me quita el ideal de luchar por algo que está más allá del marketing. Que mi producto es la esperanza de hacer un periodismo mejor. Eso, señores, no lo puedo poner en ningún plan sustentable.

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