Los últimos valses de la hija de Chopin

Renato Sumaria del Campo

(Publicado en el quincenario Encuentro Nº 13, pág 11, el 11 de octubre de 2008)

Esta es la historia de una vieja señora que está por morir; que agoniza en las partituras de Luis Duncker Lavalle y en las teclas del piano de Aurelio Díaz Espinoza; que cae presa de una ingrata memoria musical que a ratos no recuerda quién fue Felipe Urquieta y que cada tanto reconoce en Carlos Sánchez Málaga a quien fundó el Conservatorio Nacional de Música. Una señora que fue hija del talento de Chopin y que se hizo fuerte mamando la riqueza del mestizaje indio-europeo. Que cuando era niña, y luego adolescente, animó, con valses y serenatas, interminables tertulias de una Arequipa pujante y siempre hambrienta de cultura.

Luis Duncker Lavalle

Luis Duncker Lavalle

Estamos hablando de la llamada Escuela de Música Arequipeña. A saber, una de las tantas cosas que está por desaparecer en nuestra ciudad y que es necesario recordar.

Nos recibe en su casa la Directora de la Orquesta Sinfónica de Arequipa, Zoila Vega Salvatierra, quien se encargará de hacernos retroceder en el tiempo y transportarnos por algunos instantes al segundo tercio del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX que es donde, aparentemente, se origina la escuela. Son algo más de las cuatro de la tarde y lo primero que nos explica es que esta es, básicamente, una escuela de composición.

“Es un conjunto de compositores que tienen relación entre sí y con su contexto. Una relación horizontal (gente de su misma generación) que retroalimentan ciertas características, la transmiten a su siguiente generación y éstos, a su vez, la perfeccionan y la enriquecen, y la transmiten  a la subsiguiente”, explica Vega.

En el caso de la escuela arequipeña, sus representantes han tenido relación entre sí. Recibieron influencia del romanticismo europeo. Casi todos tocaban el piano. Son hijos musicales de Chopin. Tocaban para salón.

GENERACIONES Y ESTILOS

En la llamada primera generación encontramos a Mariano Bolognesi (hermano mayor de Francisco, el héroe de Arica) y a David Molina (fundador del Conservatorio de La Paz – Bolivia). La segunda generación alberga a Manuel Aguirre, Luis Duncker Lavalle y Octavio Polar. La tercera se divide en dos: Roberto Carpio, Carlos Sánchez Málaga y Felipe Urquieta; y Aurelio Díaz Espinoza y Juan Francisco Ballón. Toda la tercera generación se considera alumna de Duncker Lavalle. El recorrido generacional culmina con una cuarta generación que tiene como único representante a Jaime Díaz Orihuela (hijo y alumno de Aurelio Díaz Espinoza).

carpioLa escuela surge en un momento en el que, explica Vega, “el salón era el entretenimiento social”. “La tertulia, la visita, era todo muy importante para la gente pues eran las únicas formas de interacción social que existían. Por eso, en toda casa arequipeña siempre había alguien que supiera tocar, de lo contrario no había fiesta”, asegura.

“Los primeros compositores de la escuela –señala– tocaban para ese círculo. Bastante cerrado y bastante intelectual”.

Las siguientes generaciones se profesionalizaron. Los valses de Duncker Lavalle incorporan el uso de instrumentos folclóricos. Aurelio Díaz va más allá e ingresa al terreno de la pedagogía, convirtiéndose en el primer compositor de orquesta de Arequipa, cosa que su hijo Jaime cultiva hasta la actualidad.

Toda esta evolución da como resultado polkas, valses y galopas (entre las melodías danzables), e innumerables piezas de “vals chopiniano” (que solo se escucha). Se componen serenatas, ‘nocturnos’ y baladas, con mucha influencia del romanticismo europeo.

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Los últimos valses de la hija de Chopin (segunda parte)

Renato Sumaria del Campo

(Publicado en el quincenario Encuentro Nº 14, pág 11, el 24 de octubre de 2008)

Esta vieja señora de la que estamos hablando, tan exclusiva como los salones en los que fue interpretada, era, por decirlo así, de nariz musical respingada. Elegante y única. Estilizada. Nunca se esforzó por llegar a la hora del jayari y tampoco se dejó envolver por el yaraví tocado en las picanterías.

Encontró espacio a finales del siglo XIX, cuando las familias arequipeñas de abolengo –más bien, las familias de abolengo que se preciaban de ser arequipeñas– tenían un piano en casa. El instrumento, normalmente, era tocado por la hija, quien interpretaba, para visitantes y amigos, las melodías del momento: valses de Chopin, casi siempre.

Era la época en la que nuestra ciudad formaba parte de un circuito musical que recibía concertistas que hacían un alto en su periplo hacia Buenos Aires (ciudad a la que llegaban vía Bolivia) o músicos que, a su regreso de tierras argentinas, descansaban en Arequipa antes de partir por barco a sus países de origen.

En ese ambiente y contexto se desarrolló la Escuela de Música Arequipeña. Teniendo al vals vienés como guía y a Chopin como maestro, esta vez es Augusto Vera Béjar quien nos acompaña al pasado para entender, melódicamente, algunos detalles de importante esta corriente musical.

PALABRAS MAYORES

“A finales del siglo XIX y comienzos del XX la tendencia musical en Arequipa era parecerse a Chopin y a los músicos europeos de esa época”, cuenta Vera Béjar, en una  tranquila mañana de octubre, en su oficina del Colegio Max Uhle.

El también director de orquesta afirma que, dentro de los ritmos que nacen de la escuela arequipeña, destacan nítidamente los valses. “Son saltantes porque tienen un estilo propio, calidad académica y ningún compositor se ha podido sustraer de componer uno”.

Vera dice que estas melodías poseen una serie de características que las hacen especiales: “Son románticas y muy evocadoras. Tristes.  Este vals arequipeño no tiene letra. No está hecho para ser bailado, esta hecho para ser escuchado (Aguirre: “Vals triste”. Díaz Espinoza: “Vals sin palabras”).

Otro dato importante es que los músicos de la escuela no tocaban para grandes cantidades de público. La gente que asistía a verlos eran sus amigos, la llamada gente culta de la ciudad.

“No creo que estos músicos hayan tenido éxito en la ciudad en general sino en esa élite –señala Vera–, gente de la clase media acomodada; tan es así que las partituras las repartían solo entre su grupo de amigos”.

“Conforme ha pasado el tiempo los músicos han comenzado a encontrar estos valses y se han dado cuenta que son de una calidad inigualable y siempre se habla de ellos con respeto: ‘esos valses arequipeños son palabras mayores’, me han dicho varios”, cuenta.

“TÚ VERÁS QUÉ HACES CON ESTO”

Augusto Vera Béjar es autor de un reciente libro llamado “El vals arequipeño”. La investigación le tomó bastante tiempo, pero, junto al trabajo académico, tuvo que hacer las veces de restaurador. Así, cuenta que recibió de su hermano partituras rescatadas por el Padre Carlos Pozzo del papel que recogía para luego vender y obtener fondos para las obras de Circa.

“El Padre Pozzo, apenas veía algo que se parecía a una partitura lo separaba y se lo daba a mi hermano, que era su médico. ‘Tu verás que haces con esto’, le decía. Mi hermano, obviamente, me lo daba”.

Quenas11De esa manera se han podido rescatar partituras escritas por Luis Duncker Lavalle (acaso el más importante músico de esta escuela). “Allí, en medio del cerro de papel había partituras de Dunker de tres valses que nunca los había escuchado mencionar”, señala Vera. “Fue un acto de rescate maravilloso”, concluye.

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6 Responses to Los últimos valses de la hija de Chopin

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  2. Mario dice:

    pasu mecha…a quien le heredaste la pluma compadre

  3. Lourdes Cáceres Duncker de Belaunde dice:

    Buscando la partitura del Vals en Sol mayor de Chopin, me encontré con este lindo comentario. Soy una nieta de Adolfo Duncker Lavalle, que aunque no soy diestra en el piano, disfruto de la música como si lo fuera.
    Renato, te felicito por tu preocupación. Realmente me ha encantado tu punto de vista.
    Tengo mi madre Laura Duncker de Cáceres, de 96 años y una cabeza lúcida, que hace 3 años ha escrito algunas historias con pasajes arequipeños como los que tu decribes. Es realmente muy simpático; el librito se llama UNAS ESPIGAS DE MI TRIGAL. El nombre viene a que Laurita Duncker tiene tantos recuerdos, que siente que su cabeza es un trigal y ha sacado algunas espigas para imprimirlas.
    Felicitaciones nuevamente y gracias por haberme hecho pasar un agradable momento.

    • Hola Lourdes:
      Es la primera vez que comentan este post, escrito hace bastante tiempo. Eso me llena de alegría. El tema de la Escuela de Música arequipeña es algo que debemos profundizar. La riqueza periodística que allí encontramos quienes buscamos la noticia, hace de este un material inigualable.
      Gracias por haber disfrutado el texto.
      saludos

  4. Javier´Dïaz Orihuela dice:

    Zoila Vega Salvatierra y Augusto Vera Béjar, son dos maestros músicos y, además, muy buenos escritores con opiniones certeras y ajenas a favorecer tal o cual compositor. Ambos son directores de orquesta sinfónica y tienen un común denominador, son investigadores de la realidad musical clásica de Arequipa y viven enamorados de la belleza de su ciudad y de la creación musical de varias generaciones que, ciertamente, integran la denominada Escuela de Música de Arequipa.

    Ambos maestros, destacan la obra de Aurelio Díaz Espinoza que, además de ser vivencia de Arequipa tiene el mérito de ser el único de la generación de las primeras décadas del siglo XX, que abarcó escribir no sólo para piano,también, incursionó en obras para orquesta sinfónica. Recientemente, en una ruma de papeles de música de mi padre encontré la partitura de un concierto para piano y orquesta.

    Transcribir su música al programa Sivelius, ha sido una labor difícil para el copista. Muy pronto tendré la satisfacción de editarla. Así se conocerá e interpretará en audiciones y conciertos sentidas composiciones escritas a lo largo de su vida.

    Tengo la convicción que los músicos y escritores: Vega Salvatierra y Vera Béjar, con su prolijo trabajo de investigacíón y los libros que ambos han editado y, seguramente, están otros en preparación contribuirán a desarrollar un capítulo muy importante de la historia, aquel relacionado con la música culta de la Ciudad Blanca.

    Tengo la mejor opinión de El-Observa-Todo, desarrollado por el destacado periodista Renato Sumaría del Campo. Es un ejemplo a seguir. Sinceras felicitaciones.

  5. Vlad dice:

    Good! I am happy! uraaaaaaaaaaaa

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