Periodistas que quieren otro “arequipazo”

26 noviembre 2009

No me voy a referir a si la situación generada tras la postergación en la licitación de la represa de Angostura es caldo de cultivo para una protesta violenta y radical. No pretendo analizar si Juan Manuel Guillén está utilizando este tema para armar una base política que le permita terminar decentemente su precaria gestión en el Gobierno Regional de Arequipa. Tampoco quiero hacer de filtro democrático para denunciar a quienes quieren aprovecharse de esto con fines electoreros. Nada de eso. Solo voy a decir lo que siento respecto a un tema. Y es que mucho se está hablando de que estamos ad portas de un segundo “arequipazo”.

Lo dicen algunos coleguitas -y ahí radica mi molestia- con especial irresponsabilidad. Parece que junio del 2002 fue la única vez que se sintieron periodistas, por eso quieren que vuelva a pasar. O sea, mi impresión es que les gusta estar entre bombas lacrimógenas para luego ir a su barrio y panearse con la chica de la esquina o con sus sobrinos. Me late que mientras el tombo los agarra a palos buscan una cámara y ponen su mejor cara de dolor para salir en la foto. Tiendo a creer que tienen un cierto rechazo al diálogo, que no son buenos informantes en tiempos de paz. Muchos de ellos, al arequipazo le dicen “gesta de junio”.

No sé si esté equivocado pero, no es que llegues a la redacción de tu medio te den tu cuadro de comisiones y leas: “Toma de carretera en Imata. Enfrentamientos con la policía” y digas ¡bien! ¡La hice! Casi nunca pasa eso porque, generalmente, te mandan a esas cosas cuando por la tarde ya has planeado una cita con tu enamorada/novia/esposa o cuando por la noche debes ir a recoger la libreta de tus hijos. Además, seamos honestos, cada huelga con enfrentamiento es soplarse dos cosas: los gases de la policía y los gases de los manifestantes. Eso no es bonito.

Que en el momento de la cobertura sientas que debes ir al frente y hacer lo que te corresponde y que agarres valor para, en medio de las bombas, sacar una foto, filmar una pelea o entrevistar a un manifestante, es otra cosa. Esa es la gracia, ahí está el misterio, irresponsables colegas. Una huelga violenta no es algo deseable, nunca. Menos si la vas a usar para panearte, todo pechugón, de que te tocó cubrirla. Promover, desde tu posición de periodista, una acción violenta (que perjudica a la sociedad en la que vives) es digna de sujetos anormales, sin humanidad y con una mochila de egoísmo en las espaldas.

La riqueza de la cobertura de esas situaciones no radica en el ufanarse de que estuviste allí o en el desear que ocurra, sino en la pasión que significa entregarte por completo a la narración de los hechos en medio de dos fuegos, sin saber a dónde ir, solo para que al día siguiente un señor a quien no conoces abra el diario y lea, tomando una taza de café caliente, la crónica que obtuviste con tanto sacrificio. Informar desde el miedo es un extraño llamado que descubrimos cada vez que, por desgracia, ocurre un acto que pone en riesgo la vida de muchos, inclusive la de nosotros mismos.

Así que no me vengan a pregonar arequipazos. A la larga, esos lengua larga que quieren repetir la mal llamada “gesta de junio” se quedarán en sus cabinas de radio, muy cobardes, y hablarán sin que nadie les mire el rostro, invocando a la violencia para sentirse periodistas importantes, al menos mientras dure su noticiero.


La ley mordaza

19 agosto 2009

mafalda-periodismo1

A veces falta la opinión del perro. Y será el balance lo que garantice calidad en un trabajo periodístico. Junto a ello vendrá la certeza de no ser refutado ni acusado de mentiroso, por eso siempre me causó gracia la tensión en la que ingresan algunos medios cuando aparece algún político desubicado que quiere enseñarnos cómo debemos hacer periodismo.

Y ahora que doña Meche Cabanillas ha puesto en agenda de la comisión de constitución del congreso el tema  de la rectificación de los medios en el caso de una información inexacta, me provoca lanzar una carcajada antes que un indignado ¡quieren amordazar a la prensa!

En una sociedad de buena fe y sentido común, no serían necesarias normas como las que Cabanillas promueve. Seguramente, en ese contexto, tendríamos una prensa bien enterada de las cosas, rigurosa en sus contenidos y valiente a la hora de defender lo publicado. Y también políticos honestos y con el suficiente espíritu democrático como para reconocer sus errores y aceptar ser fiscalizados por los medios. Como en el primero de los casos los ejemplos no abundan, y en el segundo  los testimonios son casi inexistentes, entonces la famosa de ley de la rectificación tiene espacio para el debate.

Cuando a un periodista le piden que se rectifique, es porque se demuestra que publicó un dato equivocado. En este escenario no hay espacio para la suposición ni para la interpretación. O te equivocaste o no. No es “yo siento que te equivocaste” o “a mi me parece que cometiste un error”. En tal sentido, el plazo de tres o siete días es realmente irrelevante.

Pero como en nuestro país crecen como la espuma los locutores radiales que, muy machitos porque no muestran el rostro, insultan, atacan, difaman, despluman a las autoridades y cuestionan desde la ignorancia, y nunca tienen sanción; entonces la ley tiene con qué ser defendida. Y como en el Perú que tanto amamos existen políticos que se preocupan más por salir en la foto que trabajar para servir el país, entonces una norma que “regule” a la prensa (en realidad lo que buscan en la garantía de que nadie los critique) es ampliamente promovida por quienes ostentan el poder o duramente rechazada por los opositores que se quieren ganar unas cuantas migas con el periodismo.

La cosa, desde mi humilde punto de vista, es: Si un medio publica una información falsa, pues la rectificación cabe (y mientras más rápido mejor). Si un político se siente tocado por una información que es cierta y que afecta la vida pública y aun así quiere rectificación, pues entonces la ley no se aplica.

Este es un asunto en el que la honestidad tiene que llevar la voz cantante, de lo contrario, asistiremos a un festín de subjetivismo y aprovechamiento político. La prensa sensata no debería indignarse tanto, los políticos no deberían tenerle tanto miedo a una portada, si es que proceden honestamente.


Periodistas del sur andino: breve paso por Sicuani

11 agosto 2009

sicuaniEl sábado pasado estuve en Sicuani (de allí me fui a Lima y por eso el abandono del blog), una tierra llena de comercio, moto-taxis y unos lindos balcones que se esconden tras enormes y llamativos letreros de “kodak”.

Sicuani -para uno que otro peruano despistado y algunos gentiles extranjeros que visitan este blog- queda en Cusco y es uno de los ocho distritos que conforman  la provincia de Canchis. Se trata de una ciudad eminentemente comercial que deja lo turístico para las comunidades ubicadas en sus alrededores. Nada interesante por el centro del pueblo salvo una pizzería en plena plaza de armas que por 26 soles te da una  ES-PEC-TA-CU-LAR pizza  familiar de chorizo, salchica, pollo, jamón, doble queso y tocino.

Este distrito cuenta con una radio –radio Sicuani– cuya cabina está mejor parada que cualquier emisora aquí en Arequipa. Sí, mejor que cualquiera. Los periodistas trabajan arduamente por tener SIEMPRE al mejor entrevistado posible para el tema que analizan. Manejan una interesante base de datos y sus opiniones son moderadas con respecto a la ardua competencia que tienen a casi una cuadra: radio Constelación (de propiedad de Carlos Abarca, el ex emerretista que se coló al congreso con la anuencia del despistado congresista Víctor Mayorga).

Viajé a Sicuani para dictar un taller de periodistas como inicio del Diplomado en Periodismo, Ética y Desarrollo que la Universidad Católica San Pablo y el Instituto de Pastoral Andina, están organizando. La verdad es que terminé muy contento. Hubo más de 60 asistentes de un total de 80 inscritos. Muchos de los alumnos vinieron de comunidades del sur andino y soportaron viajes de 6, 7, 8, 9 y más horas, con tal de recibir esta capacitación.

Llegué con la idea de que el público iba a tener bastante metido en la cabeza el discurso del conflicto. Todo lo contrario. Asistí a un escenario con hombres y mujeres de prensa, curtidos y muchos de ellos hartos de que los tilden de fogoneros; en otros casos, cansados de las ideologías revanchistas que nada han logrado para el desarrollo de sus pueblos. Me encontré con periodistas que caminan más que cualquiera en las ciudades para buscar la noticia. Me enriquecí con el testimonio de muchas personas que saben que su trabajo está estrechamente vinculado al desarrollo de su localidad. En fin, a más de 3 mil metros de altura, también se hace periodismo. Estoy seguro que será un semestre en el que aprenderé mucho más de lo que pueda enseñar.


Michael Jackson y los periodistas

6 julio 2009

Tomado de Slate Magazine

Tomado de Slate Magazine

En el blog del Centro Knight para periodistas leí una interesante reflexión sobre porqué los periodistas siguen hablando de Michael Jackson. El autor es Jack Shafer, crítico de medios de la revista Slate

(…) dice que nunca entrevistó al Rey del Pop, por lo que es “uno de los pocos periodistas en el mundo que no pudo sacar provecho de la muerte del cantante la semana pasada con una nota sobre mi encuentro con él”. Shafer plantea que muchos reporteros han escrito notas sobre momentos tan fugaces como el haberle hecho una sola pregunta a Jackson (P: “¿Cuándo irás a África?”. R: “Espero que pronto”) o haber tenido la promesa de una entrevista con el músico, sin que nada se concretara… en 1987.

“Sólo en su muerte la excentricidad de Jackson recuperó su poder e hizo que los periodistas volvieran a sus viejas notas de apuntes y recortes para encontrar detalles banales sobre Jackson. La lección aquí es que cuando la muerte llega en forma inesperada, los periodistas tendemos a dejar de lado nuestros estándares y ahogamos a nuestros lectores con mentiras piadosas y banalidades sobre el difunto. Y la gente lo lee todo”.

Y si trasladamos la misma reflexión al caso Alicia Delgado, qué diríamos.


Aniversario periodístico

28 abril 2009

aniversarioEl quincenario Encuentro está de aniversario. Un año llevando esperanza en este valle de lágrimas periodísticas. Debo decir que sacar un periódico es una tarea de titanes. No es sencillo pero vale la pena por todo el horizonte que ofrece.

Encuentro ha sido (es) una experiencia contracorriente. Creo que si debo definir la virtud principal de este periódico, diría la palabra esperanza. Y creo que si debo establecer un complemento para ello diría el realismo. Eso buscamos con cada nota, crónica o columna, que la gente comience a ver la vida con un realismo esperanzador, que proponga al ser humano una nueva forma de ver la vida, sin ingenuo entusiasmo pero tampoco con devastador negativismo. Al medio, justo al medio, donde manda el periodismo que estemos.

Decía la beata arequipeña Sor Ana de los Ángeles que es a Dios a quien hay que darle todos los agradecimientos, entonces eso haré. Gracias a Dios por las bendiciones recibidas y las cruces que nos ha encomendado cargar. Gracias también por el don de la gente que hace posible este proyecto; a saber: Manuel Ugarte, Rolando Vilca, Fanny Soto y José Luis Bustamante. Debo también darle gracias además por las oraciones, entusiasmo, apoyo, paciencia, comprensión y aliento de dos amigos que no nombraré (porque no les gustaría que lo haga) que acompañan este proyecto y están convencidos de él, tanto o más que yo. Gracias a Dios también por las esposas de quienes redactamos este periódico, que nos hacen el aguante cada noche de cierre de edición (mi esposa me mata si no la nombro y yo estoy de acuerdo con eso: porque se merece que la nombre y más. Johsi, gracias por todo. Te amo). Gracias a Dios también por ese 74% de jóvenes entre 17 y 21 años que nos leen y ese 54% de familiares de estos suscriptores que hacen que nuestra lectoría se multiplique. Gracias por ese 61% de personas que cuando nos leen se cuestionan, piensan. Gracias también por las críticas que hemos recibido, las de buena y mala fe: las primeras nos señalan el camino correcto, las segundas nos enseñan a saber rescatar el verdadero propósito de las personas.

En fin…26 ediciones han salido, más de cien mil ejemplares han sido repartidos. Espero que esto dure muchos años más. Pronto tendremos chacha nueva y una presencia decente en Internet.


El cierre de edición

16 abril 2009

La rotativa, el aparatejo que nos apura siempre.

La rotativa, el aparatejo que nos apura siempre.

Estoy en pleno cierre de  edición y siento que no terminamos nunca. Apurado, posteo esta columnita que escribí en otro blog, el año pasado.

Las universidades que enseñan periodismo en Arequipa deberían tener un curso específico que se llame “Cierre de edición”.
Anoche -más o menos a las nueve-, paciencia era lo que menos teníamos. Se colgó el programa de diagramación, un columnista mandó el artículo tarde y con más caracteres de lo esperado, el fotógrafo no llegaba de la Plaza de Armas, no terminábamos de discutir el editorial, el título de la página 7 no nos convencía, la coma del primer párrafo de la 8 generó un debate, la información complementaria de la 11 estaba incompleta, se volvió a colgar el programa, nos quedamos sin Internet, llamamos al columnista para que reduzca su artículo, se acabó el café, salió la primera hoja y tenía más errores que la vida de un infiel, el columnista no redujo mucho su artículo, encima el otro escribió bastante, la otra se mandó con todo y la foto de la 5 que no cargaba, el tramado del reportaje no pasaba a PDF y yo quería tener a alguien que me diga como miércoles hago entrar ‘violento Mayo del 68’ en un título a 3 columnas. ¡Por fin! Llegó el fotógrafo ¿Alivio? Pamplinas. Nunca es un alivio. Estos siempre te traen 100 fotos y tienes que elegir 6.
Doce de la noche: ¡Acabamos de diagramar! Nos vamos ¿a casa? No!!!! Aún somos parte del proletariado que vive a expensas de la rotativa de otros. Al diario a imprimir. A pasar todo a otra plantilla y a filmarlo. Dos de la mañana, al fin, terminamos. Sólo quería irme a casa, que mi esposa me de un beso y me haga dormir. El premio: trabajamos para que nos lean. Si no vemos el periodismo en la categoría de “servicio al prójimo”, entonces no tiene sentido.

Mi amigo personal, excelente profesional y mejor persona, Gastón Neffen, colgó ésto en un blog que tiene olvidado y alguna vez lo publicó en el diario argentino para el que trabaja, no sin antes hacerle unas ligeras modificaciones. Nada sustanciales, por cierto.


Sobre periodistas y heroísmo

12 noviembre 2008

Estaba pensando mucho en el tema del heroísmo y su vinculación con el periodismo. Esto, a razón de las grandes distorsiones que, sobre el tema, he leído y escuchado de parte de periodistas que trabajan, oh casualidad, en la llamada ciudad heróica del Perú. Yo creo que en una situación como la que allí se vivió hace algunos días, es irresponsable portarse como se portaron quienes trabajan en las radios, por ejemplo. Entonces pensé si en medio de la protesta popular, la indignación de un pueblo, las frases célebres y épicas, el periodista no es una suerte de esponja nuevecita, que absorve lo que ve en su entorno y se empapa de lo mismo que sienten aquellos que están en las calles. Y sí. Puede pasar si no se tienen las cosas claras. Entonces agarran un micrófono y se sienten héroes del pueblo, arengando a la violencia (cosa que, no me jodan, lo han hecho y sin que nadie les diga nada), ensalzando los excesos e instando al golpe artero y piquetero a todo aquel colega que se atrevía a portar una credencial de medio limeño. Y entonces me puse a buscar ejemplos de heroísmo dentro del periodismo internacional que nos ayuden a ver la vida de otra manera. Encontré dos que me gustaron mucho, porque llegan al extremo de “dar la vida”, ambos eran católicos y sobre ambos hay un proceso de canonización (que, ojo, nada tiene que ver con el canon que reclaman los tacneños. Faltaba más).

ODOARDO FOCHERINI

Odoardo Focherini
Odoardo Focherini
Nació en Carpi el 6 de julio de 1907. Ferviente católico desde muy joven, se formó en la Acción Católica italiana bajo la guía de Don Armando Benatti.
En 1937 pasó a ser director administrativo del diario Avvenire, que entonces dirigía Raimondo Manzini, autor de encendidas polémicas contra el fascismo. Desafiando a las leyes raciales, Focherine contrató para Avvenire al periodista judío Giacomo Lampronti. En 1942, se encargó de proteger de la persecución a refugiados en un tren de Cruz Roja Internacional. En octubre de 1943 organizó, junto al padre Dante Sala, una red eficaz para la expatriación hacia Suiza de más de un centenar de judíos. Odoardo se encargó de contactar con las familias, consiguió los documentos desde las sinagogas, se las arregló para obtener la finaciación necesaria y acabó proporcionado también la documentación falsa. El 11 de marzo de 1944, fue detenido por los nazis en un hospital mientras atendía a un judío enfermo. Fue trasladado al campo de Hersbruck donde se trabajaba desde las tres y media de la mañana hasta la tarde. Quien no resistía este ritmo, era inmediatamente enviado a los hornos crematorios. Durante una visita, su cuñado Bruno Marchesi le dijo: “Ten cuidado. Tal vez te expones demasiado. ¿No piensas en tus hijos?”. Odoardo le respondió: “Si hubieras visto, como he visto yo en esta cárcel, lo que hacen padecer a los judíos, no lamentarías más que no haber hecho lo bastante por ellos, no haber salvado un número mayor”. Herido en una pierna y jamás atendido, Focherini murió de septicemia el 27 de diciembre de ese mismo año, a los 37 años. En su memoria, la Unión de las Comunidades judías de Italia le otorgó una medalla de oro en 1955. Igualmente, el “Instituto conmemorativo de los mártires y de los héroes Yad Vashem” de Jerusalén le proclamó “Justo entre las Naciones”.
NIKOLAUS GROSS

Nikolaus Gross

Nikolaus Gross

Nació en Niederwenigern, cerca de Essen, el 30 de septiembre de 1898. Fue a una escuela católica local desde los siete hasta los doce años, edad en la que empezó a trabajar, primero como operario en un molino y luego en la minería.
Sin embargo, no abandonó la actividad intelectual pues alternó su trabajo bajo tierra con la condición de periodista. Con tan solo 19 años ingresó al sindicato cristiano, paso previo a su afiliación al Centrum, partido de clara inspiración cristiana, convirtiéndose a los 22 en secretario de los jóvenes mineros. Su interés por el periodismo le lleva a colaborar en el diario del Movimiento Católico de los Trabajadores (KAB), el Westdeutschen Arbeiterzeitung. Tanto era su talento que a los dos años se convirtió en el director del diario. Afincado en Colonia, Gross supo ver el peligro que para Alemania significaba que el nazismo tomara el poder. Respaldado en su fe, no tuvo duda alguna en informar a sus lectores sobre las verdaderas consecuencias que un régimen de este tipo traería sobre el país. El 14 de septimbre de 1930 escribió: “nosotros trabajadores católicos rechazamos con fuerza y con claridad el nacionalsocialismo, no sólo por motivos políticos o económicos, sino decididamente también por nuestra postura religiosa y cultural”. Con la llegada de Hitler al poder, empezaron las dificultades. El diario de Gross fue declarado “enemigo del Estado”, paso previo a su cierre en 1938, aunque siguió editándose clandestinamente. No habiéndose caracterizado hasta entonces como orador, la censura le llevó a anunciar de viva voz, a todo el que le quisiera oir, los peligros del régimen opresor que se había adueñado de su patria. Cuando muchos callaban, él se jugaba la vida. Fue encarcelado y ejecutado en la horca el 23 de enero de 1945. Su esposa Elisabeth, que pudo visitarle al menos dos veces, dio testimonio de que había sido torturado antes de morir. Sus asesinos no permitieron que recibiera un entierro cristiano y su cuerpo fue quemado y sus cenizas esparcidas por el campo.