El ataque a la huaca

8 enero 2010

Un cuarteto de mocosos palomillas le ha hecho daño a un monumento histórico. Sucedió en Trujillo, huaca del Arco Iris, cerca de las ruinas de Chan-Chan. Han maltratado una huella del pasado que no solo nos llena de orgullo sino que de su mantenimiento y conservación viven muchas personas (aqueólogos, guías de turismo, transportistas, hoteleros, etc.).

Se comprende la indignación de muchos (¿todos?), pero hasta ahí nomás. La nota ha sido publicada en varios medios y en Facebook ha generado comentarios de este calibre:

Que los paseen calatos por la plaza de armas de Trujillo, por tarados!

Candidatos para sacrificio moche…

A pagar con la misma moneda!!….que les tiren piedras y harto tacle!!

que les corten los pipis y los cuelguen en los muros arqueologicos como advertencia!

Que les suelten al Escuadron de la Muerte!!!

Habria forma de aplicarles la muerte civil!?

Es gracioso como somos capaces de indignarnos por cosas como éstas. No pasa lo mismo, lamentablemente, cuando está en juego la vida de un inocente en el vientre de su madre. Allí todo pasa, todo se respeta, cada quien es libre.

Y no digo que la gente reclame en los mismo términos que algunos comentaristas de Facebook lo han hecho por el monumento moche (pues las palabras reflejan una profunda ligereza ante el tema de la vida), pero  quiero evidenciar la ironía que me trae devuelta a la red:  el maltrato de un muro indigna más que la eliminación de un bebé.

p.d. Este blog ha vuelto de sus vacaciones.

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